En el contexto de las ciudades latinoamericanas en las que va en aumento la cifra de mujeres víctimas de algún tipo de violencia en el espacio público es urgente replantear la manera en la que planificamos las ciudades, ya que al parecer el modelo actual está promoviendo éstas violencias. En este sentido, la Nueva Agenda Urbana NAU acordada en la pasada Conferencia de Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible Habitat III al tener como eje el Derecho a la Ciudad, y como uno de sus puntos clave promover Ciudades Seguras pareciera apuntar a resolver esta violencia. Sin embargo cabe cuestionarnos si este derecho a la ciudad busca, como señala Zaida Muxi (2011) resolver la “gran deuda del urbanismo con las mujeres en la ciudad”. Sobre esta misma línea diversas autoras mencionan que si bien la NAU posiciona el tema, no intenta resolverlo. Ana Falú co-organizadora de Femcity, un espacio alternativo simultaneo a Habitat III, señala que: “Estos espacios existen porque nos propusimos cuestionar y denunciar en el transcurso del proceso y en la definición de la Nueva Agenda Urbana la omisión de las mujeres en la planificación urbana y en la concepción de la ciudad”
En este sentido, los foros alternativos como Femcity buscan visibilizar la importancia de la inclusión de las mujeres en la planificación y gestión de la ciudad. Sumado a estos existen propuestas que buscan incorporar la perspectiva de género a la planificación y gestión de nuestras ciudades como la que plantean las españolas García Bujalance y Lourdes Royo (2012) sobre la que ahondaremos a continuación. Las autoras indican que una propuesta de perspectiva de género en el urbanismo debe incluir tres dimensiones: movilidad, accesibilidad y seguridad. Éstas dimensiones nos parecen claves de atender ya que son a su vez desafíos presentes en nuestras ciudades latinoamericanas. Las autoras mencionan que la propuesta tiene la intención de ver a la perspectiva de género como una herramienta útil para enfrentar los problemas ocasionados por el modelo de ciudad actual. Ahora hablaremos del aporte que la perspectiva de género hace en cada dimensión:
Movilidad. Las mujeres realizamos distintos recorridos en la ciudad, somos las mayores usuarias del espacio público y del transporte público por nuestros distintos roles como mujer. Como mencionan las autoras, la imposibilidad de un desplazamiento ajustado a las exigencias de la ciudad contemporánea genera exclusión social y laboral. Por ello, es fundamental la aplicación de la perspectiva de género en la identificación de pautas de desplazamientos, flujos e itinerarios. Así mismo como menciona Isabel Serra (2017) “se podría hablar de una movilidad del cuidado que no está considerada en la elaboración de ningún plan de transporte.”
Seguridad. Sobre esta dimensión las autoras señalan que uno de los objetivos principales del urbanismo debería ser que la mujer se sienta segura en la ciudad. Sin embargo las mujeres somos las que más sufrimos algún tipo de violencia de género en la ciudad. Por eso es urgente un rediseño de nuestras ciudades. Y como mencionan las autoras existen mecanismos urbanísticos para paliar estos problemas, como establecer tipologías que admitan compatibilidad de usos, exigir fachadas abiertas a la calle, adecuada iluminación de los recorridos principales, de los recovecos, calles secundarias, salidas de metro, paradas de autobús, etc.
Accesibilidad. Las autoras consideran que es primordial que la planeación urbana incorpore infraestructura y equipamiento con accesibilidad universal que vayan de acuerdo a los patrones de movilidad y uso del espacio de las mujeres.
Por lo tanto considero urgente que las ciudades latinoamericanas construyan su propia metodología integrando estas dimensiones. Así mismo ésta debería ir acompañada de distintas estrategias. Primero una política, es necesario promover políticas públicas de perspectiva de género orientadas al territorio y deben generarse con procesos participativos. Segundo, una estrategia territorial, en la que sea obligatorio que los instrumentos de planificación territorial como planes de desarrollo urbano de las a nivel local, regional y nacional incluyan una guía urbana con perspectiva de género. Tercero, una estrategia de monitoreo, en este caso deberíamos considerar el instrumento de La Auditoría de Calidad Urbana con perspectiva de Género (ACUG) del CollectiuPunt6, ya que es una herramienta de evaluación urbana que permite comprobar la aplicación transversal de la perspectiva de género en el urbanismo, tanto en los espacios como en la gestión, realizando un análisis o evaluación del espacio urbano a partir de cinco cualidades urbanas: proximidad, diversidad, autonomía, vitalidad y representatividad, por supuesto que tendría que estar adaptada al contexto particular de cada ciudad.
Finalmente como concluyen las autoras, en un contexto de crisis como el que estamos viviendo actualmente, es fundamental comprender la trascendencia de incorporar la perspectiva de género al urbanismo. Así mismo yo considero que incorporar la perspectiva de género en la ciudad es una forma de resolver la gran deuda histórica de las ciudades hacia las mujeres.
Referencias:
Ciocoletto, Adriana (2014). Espacios para la vida cotidiana, Auditoría de Calidad Urbana con perspectiva de Género, Ediciones CollectiuPunt6.