Que la ciudad te permita acceder a derechos en igualdad de condiciones sin depender de tus cualidades o características; eso es algo que ahora mismo no se puede hacer, no es cierto por cuestiones de economía, de clase, de origen, de conocimiento y también de género que refuerzan todas esas singularidades negativas digamos. Una mujer no es insegura, la hace insegura el espacio. A mí no me gusta hablar de inseguridad en la ciudad en ese aspecto de lo físico porque eso nos pone a las mujeres en situación de debilidad, y no lo somos: la sociedad nos hace vulnerables porque manda un mensaje de que el cuerpo de mujer es apropiable. Y al no generar espacios adecuados donde te puedas mover, te está diciendo también : «Este no es tu sitio». Hay decisiones sobre la ciudad que hacen que las mujeres seamos más vulnerables, pero no hay que olvidar que la casa es donde ocurren la mayoría de las violencias. Aun así, cuando se piensa en seguridad en las ciudades sin perspectiva de género solo se piensa en los delitos contra la propiedad, pero las mujeres tenemos miedo sobre nuestro propio cuerpo. En el fondo, la mujer sigue siendo un cuerpo extraño en la ciudad, después de una tradición de milenios donde se nos ha indicado que había que estar en casa; una fantasía, por otra parte, porque las mujeres han estado siempre también fuera de casa.
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