
Los cuidados ocurren en el territorio (Ana Falú, 2023). A partir de este planteamiento de la arquitecta argentina Ana Falú es que proponemos reflexionar sobre la dimensión espacial del cuidado.
Los conceptos cuidados y la organización social de los cuidados, han estado presentes en la agenda pública, en el debate público, en la academia, mediante distintas aproximaciones y dimensiones. Principalmente para dar respuesta a la injusta organización social de los cuidados en América Latina, donde las mujeres tienen la carga más alta de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (Moos, 2021), dedican un 74% (CEPAL en Falú, A, 2023). Estas brechas son además mayores en los quintiles de ingresos más pobres (PNUD; CEPAL, 2021).
Los sistemas de cuidados públicos han sido uno de los principales instrumentos de política pública orientados a cerrar estas brechas en la organización social de los cuidados, al reconocerlos como derecho, y buscando la redistribución del uso del tiempo de las mujeres.
En México, se están iniciando las conversaciones hacia la creación de un Sistema Nacional de Cuidados, inspirado en el Sistema de Cuidados de Uruguay y el Sistema Distrital del Cuidado de Bogotá. A nivel local, en la Ciudad de México, la Constitución Política de la Ciudad de México reconoce el derecho al cuidado, y para hacerlo efectivo en el territorio, existen algunas iniciativas piloto hacia sistemas locales de cuidado, como las UTOPÍAS, Unidades de Transformación y Organización para la Inclusión y la Armonía Social en Iztapalapa.
Utopía Libertad Iztapalapa.
Hay un contexto favorecedor en el país para implementar un Sistema Nacional de Cuidados que considere a la dimensión territorial como prioridad. El Programa Nacional para la Igualdad entre Mujeres y Hombres 2020-2024 (PROIGUALDAD), señala la necesidad de que este sistema sea vinculante, y con presupuesto etiquetado, para que los municipios puedan desarrollar equipamientos para los cuidados. También, la Secretaria de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (SEDATU), reconoce la importancia de un desarrollo territorial desde un enfoque de cuidados.
Sin embargo, creemos necesario ampliar la discusión respecto a la dimensión espacial del cuidado desde un enfoque de género. Con relación al cómo y dónde planear, diseñar, implementar y gestionar equipamientos e infraestructuras públicas para la redistribución social de los cuidados.
Es en este sentido que nos gustaría aportar a la reflexión colectiva desde una mirada arquitectónica y urbanística, algunos elementos para avanzar hacia un paradigma de ciudad cuidadora.
Paradigma de los cuidados
El paradigma de la ciudad de los cuidados o ciudad cuidadora es una reivindicación de la teoría y práctica de arquitectas, urbanistas y geógrafas (Massey, Rico y Segovia, Weisman, Tronto, Muxí, Falú, Madariaga, Chinchilla, Segovia, entre muchas otras) que posicionan al cuidado como una dimensión espacio temporal que permite poner en práctica los fundamentos y enseñanzas de la arquitectura y urbanismo feministas.
No hay un consenso en una definición de los cuidados, es un concepto en progreso, lo que permite seguir explorando, ampliando y generando una definición situada socio territorialmente. Compartimos la definición más empleada en la literatura especializada, “los cuidados son la organización y gestión cotidiana de un conjunto amplio de actividades, servicios, relaciones y recursos a fin de garantizar el bienestar de la sociedad” (María de los Ángeles Durán, 2018; Amaia Pérez Orozco, 2014; ONU Mujeres, 2018; ONU Mujeres y CEPAL, 2020 en Falú, 2023).
A su vez el concepto de organización social de los cuidados, hace referencia a la forma en que se relacionan las personas que producen y reciben dichos cuidados, y reconoce distintos tipos de cuidado: público, privado, comunitario y familiar (Rosario Aguirre, Karina Battyany, Corina Rodriguez Enriquez o Cristina Carranco en Falú, 2023).
El paradigma de la ciudad cuidadora reconoce que los cuidados tienen una distribución espacial y forma particular (Massey, 2005). Implica, por lo tanto reinventar el modelo de planeación y diseño urbano arquitectónico con el que nos hemos aproximado al diseño del territorio (Weisman,Kanes,L.2000). Un modelo dicotómico, que separa las esferas públicas y privadas, aumentando las desigualdades sociales y económicas, fragmentando la vida cotidiana; uno que no reconoce que las dinámicas cotidianas sociales, económicas y profesionales actuales de las mujeres han cambiado. Se señala que existen tres dimensiones que pueden facilitar el empoderamiento de las mujeres: la dimensión personal, la dimensión relacional y la dimensión del entorno físico y normativo (Kabeer,1999; VeneKlasen y Miller, 2002; ICRW, 2011; OXFAM, 2017).
El paradigma de la ciudad de los cuidados atiende las tres dimensiones, pero nos parece clave hacer énfasis en la importancia del entorno físico, del territorio, en la necesidad de transitar hacia un modelo de desarrollo urbano que haga frente al incremento de las desigualdades sociales y urbanas derivadas de la crisis socio climática actual. Ya que, como señala Lucas (2012), la accesibilidad, la distribución, la ubicación de los equipamientos y servicios de cuidado, impactan en la vida de las mujeres, promoviendo el empoderamiento económico o la exclusión social.
Una ciudad cuidadora, es una crítica a la ciudad productiva que genera usos estáticos, que jerarquiza y segrega a los usuarios. (Chinchilla, 2020). Chinchilla reivindica que las diferencias biológicas, físicas y cognitivas entre las y los ciudadanos deben ser valores a impulsar y preservar a través del diseño. Propone adaptar nuestros entornos urbanos, calles, equipamientos, espacios públicos, a usos alternativos de los que fueron pensados originalmente, en espacios que cuiden. Señala que para lograrlo se requiere de una gobernanza activa, que hace referencia a un tipo de gobernanza que no solo se limita al cumplimiento de las atribuciones definidas para cada dependencia, si no que propone una agenda de transformación y actividades para la promoción del bienestar colectivo, que puede incentivar y apoyar las actividades vinculadas a los cuidados.
Infraestructuras de cuidado con enfoque de género
Madariaga y Novella (2021), señalan que una de las principales aportaciones de incorporar el enfoque de género al diseño de los espacios habitables, es ofrecer pautas sobre cómo albergar mejor los cuidados y cómo desde el diseño espacial se da soporte a este conjunto de actividades. El género actúa como una herramienta de innovación arquitectónica a través de la cual podemos diseñar entornos con mayor capacidad para responder a las necesidades cotidianas de la población, atendiendo a los diferentes y diversos modos y modelos de vida de nuestra sociedad actual (Madariaga y Novella, 2021).
Las infraestructuras del cuidado son aquellos equipamientos que buscan garantizar el ejercicio efectivo de los derechos de quienes reciben cuidados directos (infancias, adolescencias, personas mayores, personas con discapacidad, etc.) y de quienes los brindan, en su mayoría mujeres y mayormente no remuneradas o en condiciones laborales precarias. El fin de estas infraestructuras es incidir en las brechas de tiempo y recursos destinados a cuidar, con el fin de redistribuir, reducir y colectivizar las tareas de cuidado (Falú, 2023).
Diseñar equipamientos e infraestructuras de cuidados desde un enfoque de género, contribuye a la construcción de una política de inclusión social con equidad, a garantizar la autonomía económica de las mujeres, a jerarquizar los servicios de cuidados y a elevar los estándares de dicha actividad económica mediante espacios pertinentes para ello, así como para evitar reforzar roles de género mediante las actividades o programas que se incorporen (Falú, 2023).
Un proyecto de equipamiento de cuidados desde un enfoque de género, busca desafiar los usos tradicionales del espacio impuestos por el género, y plantea un programa de usos y actividades que promueva el uso del tiempo de las mujeres para el ocio y develar su potencial creativo, así como conciliar el desarrollo profesional y personal de las mujeres, infancias y juventudes.
Es aquel que se diseña desde la fase conceptual de forma colaborativa mediante metodologías de diseño innovadoras. Es adaptable, flexible a las trayectorias de vida de las mujeres, y las personas que brindan y necesitan cuidados, que reconoce la diversificación de modelos de vida y organización de lo cotidiano, así como un proyecto que responde a las actividades, usos y costumbres, que busca reducir el trabajo no remunerado de cuidados al redistribuirlo.
Recomendaciones para planear y diseñar equipamientos de cuidado con un enfoque de género y climático
Se reconocen dos dimensiones clave para planear un nuevo equipamiento de cuidados o adaptar uno existente, 1) Localización en función a la vulnerabilidad socio territorial y climática, y 2) Proximidad:
1. Localización en zonas de mayor vulnerabilidad socio territorial y climática. Es necesario analizar la propuesta de ubicación de un nuevo equipamiento de cuidado o la adaptación de algún espacio existente, considerando el nivel de vulnerabilidad socio territorial y climática de los barrios, para reducir las brechas de desigualdad, considerando un enfoque de interseccionalidad. Se requiere realizar un análisis que considere variables poblacionales, socioeconómicas y espaciales o urbanas. Como la cobertura y demanda actual de servicios de cuidados desagregado por datos sociodemográficos, como quintiles de ingreso, densidad de población con jefatura femenina, así como cobertura de equipamientos y áreas verdes, nivel de accesibilidad a transporte público, tipo de riesgos presentes y los impactos locales del riesgo diferenciados por género.
Hay distintas iniciativas que nos permiten priorizar las zonas de intervención, como la herramienta digital Mapa de Cuidados de México, que permite geolocalizar las infraestructuras existentes de cuidado públicas y privadas a nivel nacional.
2. Proximidad. Determinar la ubicación de los espacios de cuidado de acuerdo con el principio de proximidad permite tanto la reducción del uso del tiempo de las mujeres a los cuidados así como a aumentar su autonomía económica (Falú, 2023). En este sentido, es necesario planear los nuevos equipamientos o las adecuaciones a las infraestructuras existentes, cercanos a las personas que van a utilizarlos, para garantizar su uso y permanencia, así como diseñar los trayectos hacia los equipamientos, pensando en la experiencia de viaje hacia el equipamiento.
Considerar la accesibilidad al equipamiento, diseñar los trayectos al espacio considerando la movilidad del cuidado, integrar una propuesta de movilidad activa y de transporte público, facilitar buses de acercamiento, sistemas de bicicleta compartida como bicitaxis, para dar soporte, si no existe una red local de transporte público en las inmediaciones del equipamiento.
Definición del programa arquitectónico
Madariaga y Novella (2021), reconocen a su vez, que integrar los criterios de proximidad, accesibilidad y plantear una distribución que promueva la independencia y autonomía económica de las mujeres, que mejora la percepción de seguridad, puede fomentar una espacialidad feminista y redistribuir los cuidados.
Nos invitan a diseñar equipamientos de cuidado considerando lo siguiente: 1) Replantear las relaciones espaciales y jerárquicas para facilitar los cuidados y la corresponsabilidad. 2)Pensar en las medidas y cuerpos de mujeres diversas, dotando de mayor superficie a los espacios que apoyan de manera directa o indirecta las tareas de cuidado. 3) Mejorar la calidad espacial y arquitectónica de las actividades de cuidado en los espacios: baños, lactarios, cocina, comedores comunitarios.
A su vez, nosotras sumamos que es necesario incorporar al diseño de los equipamientos un enfoque de adaptación climática, para desarrollar proyectos pertinentes al contexto y al paisaje en el que se insertan, en el que las condiciones climáticas de la región definan las estrategias de diseño, garantizando un diseño adaptado al clima.
Ana Falú (2023), destaca cuatro aspectos a considerar en el diseño de infraestructuras de cuidado con enfoque de género con los cuales coincidimos y fomentamos desde el estudio UMCLA, los cuales son: 1) impulsar procesos de diseño participativo para atender las demandas y necesidades según las personas que harán uso de esos espacios, 2) trasladar estas necesidades en un proyecto y programa arquitectónico con actividades que permitan fomentar los cuidados colectivos, 3) considerar la materialidad de las obras según el contexto de localización, es decir, proponer que los materiales y tecnologías propuestas sean responsivas al contexto y realidad climática, y 4) promover entornos seguros y accesibles, mediante una ubicación y un diseño arquitectónico que permita la conexión con el entorno barrial.
Asimismo, Ana Falú, (2023) define tres aspectos a considerar para desarrollar un proyecto arquitectónico de espacios de cuidado con enfoque de género.
Cualidades espaciales. Definir programas arquitectónicos flexibles y adaptables, que permitan flexibilidad de usos, diversidad programática en relación a los cuidados a través de la consolidación de espacios comunes que promuevan la interrelación social, los cuidados colectivos, y buscar que la distribución y configuración de los espacios promueva espacios de descanso y permanencia ademas de recorridos para mantener contacto visual con todo el equipamiento aumentando la percepción de seguridad y promoviendo encuentros
Gradualidad de los espacios. Buscar un equilibrio entre los espacios privados para la contención como baños, lactarios, consultorios. Además de generar secuencias y transiciones entre espacios públicos y privados.
Relación con el entorno. Promover equipamientos que se inserten en la dinámica local del barrio, mediante espacios semipúblicos y un diseño que permita la relación con el entorno barrial.
Es necesario ampliar nuestra aproximación a los equipamientos e infraestructuras de cuidado
Estamos acostumbrados a pensar en las infraestructuras de cuidado como espacios cerrados, privados, con un programa estático, poco flexible, como las guarderías o centros de día. Hay que atrevernos a desafiar estas ideas limitantes de lo que hemos entendido por equipamientos de cuidado. La arquitecta española Izaskun Chinchilla, nos invita a pensar en infraestructuras flexibles, adaptables y progresivas; propone adaptar todos los espacios de la ciudad, para que en su conjunto generen la ciudad cuidadora.
Creemos necesario explorar todas las posibilidades para adaptar y rehabilitar los equipamientos urbanos existentes y los nuevos para que sean espacios de cuidados comunitarios, pero también vemos una posibilidad en que los espacios públicos abiertos, áreas verdes, parques lo sean. Hay que abrir la conversación y definir colectivamente los elementos urbanos que constituyen o nos permiten acercarnos a una ciudad cuidadora, que promueven una experiencia justa en la ciudad.
Soltando algunas ideas, nos gustaría imaginar que un equipamiento de cuidados barrial pueden ser los comedores públicos, los mercados, las escuelas públicas, las bibliotecas públicas, una red de parques públicos verdes, las paradas de transporte público. Adaptar estos equipamientos para ser espacios de cuidado, requerirá integrar un programa de baños públicos, comedores, lactarios, mobiliario para el descanso, un diseño adaptado al clima. Ante el aumento de la temperatura urbana, es necesario adaptar todos los edificios públicos de las ciudades para que sean refugios climáticos y sean equipamientos de cuidado para las personas trabajadoras o las que caminan por la ciudad.
Al ampliar nuestra aproximación de los equipamientos que brindan cuidados será necesario generar pilotos, prototipos, tipologías de cuidado para la adaptación a edificios y espacios abiertos; continuar explorando las posibilidades de las Utopías, como prototipo de equipamiento urbano de cuidado, así como acciones a mediano y largo plazo, reformas, agendas, necesarias para garantizar el criterio de cuidado en toda la obra pública.
Retomemos la invitación de Chinchilla, de Falú, de la Ciudad Cuidadora, y pensemos más allá de servicios de cuidado estáticos, y activemos propuestas de diseño orientado hacia una ciudad que brinde cuidados, que todos sus equipamientos, infraestructuras, edificios públicos, áreas verdes y parques sean soportes y facilitadores para los cuidados.
UMCLA_
Referencias
Bowlby, Sophia & McKie, Linda. (2018). Care and caring: An ecological framework.
Chinchilla, Moreno, Izaskun, 2020. La ciudad de los cuidados. La catarata.
Falú, Ana, 2023. La perspectiva de género en las infraestructuras de cuidados. Argentina. ONU MUJERES.
Leslie Kanes Weisman (2000). “El derecho de la mujer a un entorno propio. Manifiesto”. Zehar: Revista de Arteleku, n.o 43, Diputación Foral de Gipuzkoa, pp. 36-39.
Massey, D. (2005). For space. Sage
Sánchez de Madariaga, Inés, Novella Abril, Inés. 2021. Proyectar los espacios de la vida cotidiana. Vicepresidencia Segunda y Conselleria de Vivienda y Arquitectura Bioclimática. Dirección General de Innovación Ecológica en la Construcción.
Naciones Unidas. (2024). Transformar los sistemas de cuidados en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de Nuestra Agenda Común. Documento de política del sistema de las Naciones Unidas. Asuntos de Género, CEPAL.












