Hace unas semanas nuestra compañera Acoyani Adame tuvo el honor de representar a nuestro equipo integrado por Linda Moreno, Azucena Gollaz, Itzel Julieta Fuentes Morales, Pilar López Huidobro y Alejandra Benoso, en la premiación del “Concurso Vida Urbana: Ideas para la Transformación Urbana Sostenible”, celebrada en la sede de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) en Madrid. Fue un taller para el intercambio colaborativo, compartimos con los equipos ganadores los aprendizajes y desafíos para consolidar las propuestas en proyectos viables para implementar en nuestros territorios.
El concurso de ideas es financiado por la AGENCIA ESPAÑOLA DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL PARA EL DESARROLLO – AECID y la Comisión Europea, en el marco de la iniciativa LAIF City Life, gestionado por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y Ciudades Comunes. LAIF City Life apoya a gobiernos locales en la identificación y formulación de proyectos de desarrollo urbano y de inversión en infraestructuras localizadas en ciudades.
Nuestro proyecto Zona de Bajas Emisiones Iztapalapa: Red de Movilidades y Cuidados obtuvo el tercer lugar en la tercera edición del “Concurso Vida Urbana: Ideas para la Transformación Urbana Sostenible”, en la temática “Movilidad baja en carbono”.
Proponemos la primera Zona de Bajas Emisiones con enfoque de género y adaptación climática en la Alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México, con los siguientes objetivos:
1) Mejorar la interconexión multimodal en los viajes de primera/última milla y la conectividad a los equipamientos de cuidado a través de la consolidación de andadores peatonales, creación de una red ciclista conectada al transporte público y la transición de mototaxis a ciclotaxis eléctricos.
2) Integración de pabellones modulares de cuidado en las zonas de espera de ciclotaxis eléctricos, y en los entornos de los equipamientos de cuidado.
3) Intervención del Vaso Regulador El Salado, se propone un parque inundable del “Cuidado Ecosistémico” como una estrategia para la adaptación climática local.
Durante el encuentro hubo diversos paneles, el primero para fortalecer los proyectos desde una perspectiva de género con arquitectas urbanistas expertas. Diana Giambiagi quien puntualizó la necesidad de proyectos urbanos resilientes a los impactos locales del cambio climático, Lucia Nogales quien recalcó la importancia del urbanismo comunitario y la innovación local para impulsar procesos urbanos a escala local, y Ester Higueras, puntualizando sobre salud pública y desarrollo urbano.
A su vez, hubo un diálogo enriquecedor sobre la necesidad de una agenda que articule gestión local, gobernanza participativa y financiamiento para consolidar proyectos que plantean un cambio de paradigma. Con la participación de Francisco Mugaburu de la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI), Ruth Acosta de la Fundación para la Internacionalización de las Administraciones Públicas (FIAP), quien expuso el proyecto de movilidad ciclista en Guadalajara, México, impulsado por el programa EUROCLIMA+ y Mercedes Sánchez de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), sobre los desafíos urbanos actuales y los roles de la cooperación técnica.
Además participamos en una visita guiada para conocer el proyecto de transformación y regeneración urbano ambiental de Madrid Río y Matadero Madrid, proyectos planteados con un enfoque de justicia social y climática.
Como cierre de este magnífico encuentro, y en sintonía con el espíritu innovador del concurso, tuvimos un taller de co diseño para explorar una utopía urbana, cada equipo debía diseñar una propuesta de regeneración urbana en un territorio genérico, que respondiera a las múltiples crisis actuales: climáticas, geopolíticas, sociales. Fue inspirador compartir este espacio con colegas que están impulsando una agenda urbana arquitectónica con enfoque de género y feminista en Latinoamérica, como JUNTAS, FEMINGAS y Otra Ciudad.
Nos honra recibir este premio, que nos impulsa a continuar en nuestra práctica cotidiana de pensar y diseñar entornos dignos y justos para las mujeres, poniendo a los cuidados al centro del diseño. Pronto les estaremos compartiendo noticias sobre los avances y actualizaciones del proyecto.
Los cuidados ocurren en el territorio (Ana Falú, 2023). A partir de este planteamiento de la arquitecta argentina Ana Falú es que proponemos reflexionar sobre la dimensión espacial del cuidado.
Los conceptos cuidados y la organización social de los cuidados, han estado presentes en la agenda pública, en el debate público, en la academia, mediante distintas aproximaciones y dimensiones. Principalmente para dar respuesta a la injusta organización social de los cuidados en América Latina, donde las mujeres tienen la carga más alta de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (Moos, 2021), dedican un 74% (CEPAL en Falú, A, 2023). Estas brechas son además mayores en los quintiles de ingresos más pobres (PNUD; CEPAL, 2021).
Los sistemas de cuidados públicos han sido uno de los principales instrumentos de política pública orientados a cerrar estas brechas en la organización social de los cuidados, al reconocerlos como derecho, y buscando la redistribución del uso del tiempo de las mujeres.
En México, se están iniciando las conversaciones hacia la creación de un Sistema Nacional de Cuidados, inspirado en el Sistema de Cuidados de Uruguay y el Sistema Distrital del Cuidado de Bogotá. A nivel local, en la Ciudad de México, la Constitución Política de la Ciudad de México reconoce el derecho al cuidado, y para hacerlo efectivo en el territorio, existen algunas iniciativas piloto hacia sistemas locales de cuidado, como las UTOPÍAS, Unidades de Transformación y Organización para la Inclusión y la Armonía Social en Iztapalapa.
Utopía Libertad Iztapalapa.
Hay un contexto favorecedor en el país para implementar un Sistema Nacional de Cuidados que considere a la dimensión territorial como prioridad. El Programa Nacional para la Igualdad entre Mujeres y Hombres 2020-2024 (PROIGUALDAD), señala la necesidad de que este sistema sea vinculante, y con presupuesto etiquetado, para que los municipios puedan desarrollar equipamientos para los cuidados. También, la Secretaria de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (SEDATU), reconoce la importancia de un desarrollo territorial desde un enfoque de cuidados.
Sin embargo, creemos necesario ampliar la discusión respecto a la dimensión espacial del cuidado desde un enfoque de género. Con relación al cómo y dónde planear, diseñar, implementar y gestionar equipamientos e infraestructuras públicas para la redistribución social de los cuidados.
Es en este sentido que nos gustaría aportar a la reflexión colectiva desde una mirada arquitectónica y urbanística, algunos elementos para avanzar hacia un paradigma de ciudad cuidadora.
Paradigma de los cuidados
El paradigma de la ciudad de los cuidados o ciudad cuidadora es una reivindicación de la teoría y práctica de arquitectas, urbanistas y geógrafas (Massey, Rico y Segovia, Weisman, Tronto, Muxí, Falú, Madariaga, Chinchilla, Segovia, entre muchas otras) que posicionan al cuidado como una dimensión espacio temporal que permite poner en práctica los fundamentos y enseñanzas de la arquitectura y urbanismo feministas.
No hay un consenso en una definición de los cuidados, es un concepto en progreso, lo que permite seguir explorando, ampliando y generando una definición situada socio territorialmente. Compartimos la definición más empleada en la literatura especializada, “los cuidados son la organización y gestión cotidiana de un conjunto amplio de actividades, servicios, relaciones y recursos a fin de garantizar el bienestar de la sociedad” (María de los Ángeles Durán, 2018; Amaia Pérez Orozco, 2014; ONU Mujeres, 2018; ONU Mujeres y CEPAL, 2020 en Falú, 2023).
A su vez el concepto de organización social de los cuidados, hace referencia a la forma en que se relacionan las personas que producen y reciben dichos cuidados, y reconoce distintos tipos de cuidado: público, privado, comunitario y familiar (Rosario Aguirre, Karina Battyany, Corina Rodriguez Enriquez o Cristina Carranco en Falú, 2023).
El paradigma de la ciudad cuidadora reconoce que los cuidados tienen una distribución espacial y forma particular (Massey, 2005). Implica, por lo tanto reinventar el modelo de planeación y diseño urbano arquitectónico con el que nos hemos aproximado al diseño del territorio (Weisman,Kanes,L.2000). Un modelo dicotómico, que separa las esferas públicas y privadas, aumentando las desigualdades sociales y económicas, fragmentando la vida cotidiana; uno que no reconoce que las dinámicas cotidianas sociales, económicas y profesionales actuales de las mujeres han cambiado. Se señala que existen tres dimensiones que pueden facilitar el empoderamiento de las mujeres: la dimensión personal, la dimensión relacional y la dimensión del entorno físico y normativo (Kabeer,1999; VeneKlasen y Miller, 2002; ICRW, 2011; OXFAM, 2017).
El paradigma de la ciudad de los cuidados atiende las tres dimensiones, pero nos parece clave hacer énfasis en la importancia del entorno físico, del territorio, en la necesidad de transitar hacia un modelo de desarrollo urbano que haga frente al incremento de las desigualdades sociales y urbanas derivadas de la crisis socio climática actual. Ya que, como señala Lucas (2012), la accesibilidad, la distribución, la ubicación de los equipamientos y servicios de cuidado, impactan en la vida de las mujeres, promoviendo el empoderamiento económico o la exclusión social.
Una ciudad cuidadora, es una crítica a la ciudad productiva que genera usos estáticos, que jerarquiza y segrega a los usuarios. (Chinchilla, 2020). Chinchilla reivindica que las diferencias biológicas, físicas y cognitivas entre las y los ciudadanos deben ser valores a impulsar y preservar a través del diseño. Propone adaptar nuestros entornos urbanos, calles, equipamientos, espacios públicos, a usos alternativos de los que fueron pensados originalmente, en espacios que cuiden. Señala que para lograrlo se requiere de una gobernanza activa, que hace referencia a un tipo de gobernanza que no solo se limita al cumplimiento de las atribuciones definidas para cada dependencia, si no que propone una agenda de transformación y actividades para la promoción del bienestar colectivo, que puede incentivar y apoyar las actividades vinculadas a los cuidados.
Infraestructuras de cuidado con enfoque de género
Madariaga y Novella (2021), señalan que una de las principales aportaciones de incorporar el enfoque de género al diseño de los espacios habitables, es ofrecer pautas sobre cómo albergar mejor los cuidados y cómo desde el diseño espacial se da soporte a este conjunto de actividades. El género actúa como una herramienta de innovación arquitectónica a través de la cual podemos diseñar entornos con mayor capacidad para responder a las necesidades cotidianas de la población, atendiendo a los diferentes y diversos modos y modelos de vida de nuestra sociedad actual (Madariaga y Novella, 2021).
Las infraestructuras del cuidado son aquellos equipamientos que buscan garantizar el ejercicio efectivo de los derechos de quienes reciben cuidados directos (infancias, adolescencias, personas mayores, personas con discapacidad, etc.) y de quienes los brindan, en su mayoría mujeres y mayormente no remuneradas o en condiciones laborales precarias. El fin de estas infraestructuras es incidir en las brechas de tiempo y recursos destinados a cuidar, con el fin de redistribuir, reducir y colectivizar las tareas de cuidado (Falú, 2023).
Diseñar equipamientos e infraestructuras de cuidados desde un enfoque de género, contribuye a la construcción de una política de inclusión social con equidad, a garantizar la autonomía económica de las mujeres, a jerarquizar los servicios de cuidados y a elevar los estándares de dicha actividad económica mediante espacios pertinentes para ello, así como para evitar reforzar roles de género mediante las actividades o programas que se incorporen (Falú, 2023).
Un proyecto de equipamiento de cuidados desde un enfoque de género, busca desafiar los usos tradicionales del espacio impuestos por el género, y plantea un programa de usos y actividades que promueva el uso del tiempo de las mujeres para el ocio y develar su potencial creativo, así como conciliar el desarrollo profesional y personal de las mujeres, infancias y juventudes.
Es aquel que se diseña desde la fase conceptual de forma colaborativa mediante metodologías de diseño innovadoras. Es adaptable, flexible a las trayectorias de vida de las mujeres, y las personas que brindan y necesitan cuidados, que reconoce la diversificación de modelos de vida y organización de lo cotidiano, así como un proyecto que responde a las actividades, usos y costumbres, que busca reducir el trabajo no remunerado de cuidados al redistribuirlo.
Recomendaciones para planear y diseñar equipamientos de cuidado con un enfoque de género y climático
Se reconocen dos dimensiones clave para planear un nuevo equipamiento de cuidados o adaptar uno existente, 1) Localización en función a la vulnerabilidad socio territorial y climática, y 2) Proximidad:
1. Localización en zonas de mayor vulnerabilidad socio territorial y climática. Es necesario analizar la propuesta de ubicación de un nuevo equipamiento de cuidado o la adaptación de algún espacio existente, considerando el nivel de vulnerabilidad socio territorial y climática de los barrios, para reducir las brechas de desigualdad, considerando un enfoque de interseccionalidad. Se requiere realizar un análisis que considere variables poblacionales, socioeconómicas y espaciales o urbanas. Como la cobertura y demanda actual de servicios de cuidados desagregado por datos sociodemográficos, como quintiles de ingreso, densidad de población con jefatura femenina, así como cobertura de equipamientos y áreas verdes, nivel de accesibilidad a transporte público, tipo de riesgos presentes y los impactos locales del riesgo diferenciados por género.
Hay distintas iniciativas que nos permiten priorizar las zonas de intervención, como la herramienta digital Mapa de Cuidados de México, que permite geolocalizar las infraestructuras existentes de cuidado públicas y privadas a nivel nacional.
2. Proximidad. Determinar la ubicación de los espacios de cuidado de acuerdo con el principio de proximidad permite tanto la reducción del uso del tiempo de las mujeres a los cuidados así como a aumentar su autonomía económica (Falú, 2023). En este sentido, es necesario planear los nuevos equipamientos o las adecuaciones a las infraestructuras existentes, cercanos a las personas que van a utilizarlos, para garantizar su uso y permanencia, así como diseñar los trayectos hacia los equipamientos, pensando en la experiencia de viaje hacia el equipamiento.
Considerar la accesibilidad al equipamiento, diseñar los trayectos al espacio considerando la movilidad del cuidado, integrar una propuesta de movilidad activa y de transporte público, facilitar buses de acercamiento, sistemas de bicicleta compartida como bicitaxis, para dar soporte, si no existe una red local de transporte público en las inmediaciones del equipamiento.
Definición del programa arquitectónico
Madariaga y Novella (2021), reconocen a su vez, que integrar los criterios de proximidad, accesibilidad y plantear una distribución que promueva la independencia y autonomía económica de las mujeres, que mejora la percepción de seguridad, puede fomentar una espacialidad feminista y redistribuir los cuidados.
Nos invitan a diseñar equipamientos de cuidado considerando lo siguiente: 1) Replantear las relaciones espaciales y jerárquicas para facilitar los cuidados y la corresponsabilidad. 2)Pensar en las medidas y cuerpos de mujeres diversas, dotando de mayor superficie a los espacios que apoyan de manera directa o indirecta las tareas de cuidado. 3) Mejorar la calidad espacial y arquitectónica de las actividades de cuidado en los espacios: baños, lactarios, cocina, comedores comunitarios.
A su vez, nosotras sumamos que es necesario incorporar al diseño de los equipamientos un enfoque de adaptación climática, para desarrollar proyectos pertinentes al contexto y al paisaje en el que se insertan, en el que las condiciones climáticas de la región definan las estrategias de diseño, garantizando un diseño adaptado al clima.
Ana Falú (2023), destaca cuatro aspectos a considerar en el diseño de infraestructuras de cuidado con enfoque de género con los cuales coincidimos y fomentamos desde el estudio UMCLA, los cuales son: 1) impulsar procesos de diseño participativo para atender las demandas y necesidades según las personas que harán uso de esos espacios, 2) trasladar estas necesidades en un proyecto y programa arquitectónico con actividades que permitan fomentar los cuidados colectivos, 3) considerar la materialidad de las obras según el contexto de localización, es decir, proponer que los materiales y tecnologías propuestas sean responsivas al contexto y realidad climática, y 4) promover entornos seguros y accesibles, mediante una ubicación y un diseño arquitectónico que permita la conexión con el entorno barrial.
Asimismo, Ana Falú, (2023) define tres aspectos a considerar para desarrollar un proyecto arquitectónico de espacios de cuidado con enfoque de género.
Cualidades espaciales. Definir programas arquitectónicos flexibles y adaptables, que permitan flexibilidad de usos, diversidad programática en relación a los cuidados a través de la consolidación de espacios comunes que promuevan la interrelación social, los cuidados colectivos, y buscar que la distribución y configuración de los espacios promueva espacios de descanso y permanencia ademas de recorridos para mantener contacto visual con todo el equipamiento aumentando la percepción de seguridad y promoviendo encuentros
Gradualidad de los espacios. Buscar un equilibrio entre los espacios privados para la contención como baños, lactarios, consultorios. Además de generar secuencias y transiciones entre espacios públicos y privados.
Relación con el entorno. Promover equipamientos que se inserten en la dinámica local del barrio, mediante espacios semipúblicos y un diseño que permita la relación con el entorno barrial.
Es necesario ampliar nuestra aproximación a los equipamientos e infraestructuras de cuidado
Estamos acostumbrados a pensar en las infraestructuras de cuidado como espacios cerrados, privados, con un programa estático, poco flexible, como las guarderías o centros de día. Hay que atrevernos a desafiar estas ideas limitantes de lo que hemos entendido por equipamientos de cuidado. La arquitecta española Izaskun Chinchilla, nos invita a pensar en infraestructuras flexibles, adaptables y progresivas; propone adaptar todos los espacios de la ciudad, para que en su conjunto generen la ciudad cuidadora.
Creemos necesario explorar todas las posibilidades para adaptar y rehabilitar los equipamientos urbanos existentes y los nuevos para que sean espacios de cuidados comunitarios, pero también vemos una posibilidad en que los espacios públicos abiertos, áreas verdes, parques lo sean. Hay que abrir la conversación y definir colectivamente los elementos urbanos que constituyen o nos permiten acercarnos a una ciudad cuidadora, que promueven una experiencia justa en la ciudad.
Soltando algunas ideas, nos gustaría imaginar que un equipamiento de cuidados barrial pueden ser los comedores públicos, los mercados, las escuelas públicas, las bibliotecas públicas, una red de parques públicos verdes, las paradas de transporte público. Adaptar estos equipamientos para ser espacios de cuidado, requerirá integrar un programa de baños públicos, comedores, lactarios, mobiliario para el descanso, un diseño adaptado al clima. Ante el aumento de la temperatura urbana, es necesario adaptar todos los edificios públicos de las ciudades para que sean refugios climáticos y sean equipamientos de cuidado para las personas trabajadoras o las que caminan por la ciudad.
Al ampliar nuestra aproximación de los equipamientos que brindan cuidados será necesario generar pilotos, prototipos, tipologías de cuidado para la adaptación a edificios y espacios abiertos; continuar explorando las posibilidades de las Utopías, como prototipo de equipamiento urbano de cuidado, así como acciones a mediano y largo plazo, reformas, agendas, necesarias para garantizar el criterio de cuidado en toda la obra pública.
Retomemos la invitación de Chinchilla, de Falú, de la Ciudad Cuidadora, y pensemos más allá de servicios de cuidado estáticos, y activemos propuestas de diseño orientado hacia una ciudad que brinde cuidados, que todos sus equipamientos, infraestructuras, edificios públicos, áreas verdes y parques sean soportes y facilitadores para los cuidados.
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Referencias
Bowlby, Sophia & McKie, Linda. (2018). Care and caring: An ecological framework.
Chinchilla, Moreno, Izaskun, 2020. La ciudad de los cuidados. La catarata.
Falú, Ana, 2023. La perspectiva de género en las infraestructuras de cuidados. Argentina. ONU MUJERES.
Leslie Kanes Weisman (2000). “El derecho de la mujer a un entorno propio. Manifiesto”. Zehar: Revista de Arteleku, n.o 43, Diputación Foral de Gipuzkoa, pp. 36-39.
Massey, D. (2005). For space. Sage
Sánchez de Madariaga, Inés, Novella Abril, Inés. 2021. Proyectar los espacios de la vida cotidiana. Vicepresidencia Segunda y Conselleria de Vivienda y Arquitectura Bioclimática. Dirección General de Innovación Ecológica en la Construcción.
Naciones Unidas. (2024). Transformar los sistemas de cuidados en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de Nuestra Agenda Común. Documento de política del sistema de las Naciones Unidas. Asuntos de Género, CEPAL.
Propuestas para la futura Presidenta de México y Jefa de Gobierno de la Ciudad de México: hacia ciudades responsivas a las necesidades de las mujeres.
Amanecimos el 3 de junio de 2024 con noticias históricas: México eligió a la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo como primera mujer Presidenta en su historia, quien además ha sido la más votada en elecciones federales. En la Ciudad de México, Clara Brugada será la próxima Jefa de Gobierno, convirtiéndose en la segunda mujer en ocupar dicho cargo. Claudia Sheinbaum fue la primera mujer electa que ejerció ese cargo.
Compartimos públicamente nuestra felicidad y nos sumamos a la celebración por este hito histórico. Esperamos se refleje también en un triunfo para los territorios, que represente oportunidades para las ciudades mexicanas y en especial, para nuestra Ciudad de México.
Desde nuestra perspectiva urbana, queremos compartirles algunas reflexiones sobre las implicaciones y significados que genera este hecho para las ciudades latinoamericanas, y las mujeres que las habitamos.
Deseamos que este triunfo trascienda la representación simbólica y se convierta en una brújula que redireccione la forma de diseñar, planear y gestionar nuestros territorios y nuestras ciudades, que permita reconfigurar los diversos territorios que conforman el país. Como señala Latour (2019) “Para resistir a esta pérdida de orientación común, será necesario «aterrizar» en alguna parte. De ahí la importancia de saber cómo orientarse”.
La ciudad que anhelamos las mujeres
En México el 52% de la población somos mujeres. En la Ciudad de México, somos casi cinco millones de mujeres. Todas anhelamos, necesitamos y demandamos que nuestro cuarto y vivienda propia, sea adecuada, asequible, y bien ubicada, con acceso a equipamientos de cuidado1 barriales, a espacios públicos, equipamientos públicos, con un sistema de movilidad digno y con autonomía económica.
La ciudad que deseamos, que nos inspira, es flexible y adaptable: es una ciudad que se planea y diseña desde la urgencia climática y social, una que prioriza proyectos, obras,infraestructuras barriales con enfoque climático y género transformador.
Desde nuestra perspectiva estamos convencidas que desde sus respectivos cargos públicos, Claudia Sheinbaum2 y Clara Brugada atenderán dichas necesidades desde una gestión feminista, que fortalezca y genere políticas públicas género transformativas, instrumentos normativos, con presupuestos destinados para garantizar la atención a estas demandas.
Demandas, vigilancia y colaboración
El reto para impulsar y gobernar con una agenda urbana feminista es inmenso. Reconocemos la dificultad que enfrentarán en su gestión, los retos de materializar sus propuestas y convertirlas en políticas públicas. Por eso, más que un rol de vigilancia, ya que el escrutinio de toda la maquinaria patriarcal lo tendrán, como señala Dhayana Fernández-Matos, “las mujeres en cargos públicos son evaluadas más duramente”3. Debemos adoptar una actitud crítica y colaborativa. Buscaremos desde nuestra labor de arquitectas, urbanistas y diseñadoras urbanas, apoyarlas en consolidar una visión, en materializar y transformar estas demandas y anhelos urbanos de las mujeres, en proyectos urbanos arquitectónicos y planeación urbana que lo reflejen.
Busquemos sumarnos a esta reconquista de nuestros territorios, apoyemos en consolidar una ciudad con justicia de género. Derecho a un cuarto propio, a una vivienda propia, a espacios públicos dignos, a equipamientos de cuidado, a trabajos que concilien vida privada y pública, todo desde una perspectiva climática y de género, una arquitectura y urbanismo flexibles, adaptables, resilientes.
Ambas candidatas electas señalan que no llegaron solas, sino que atribuyen su triunfo a las demandas históricas de miles de mujeres. Recordamos que las primeras arquitectas de México, María Luisa Dehesa y Ruth Rivera Marín, no pudieron elegir a sus representantes, ni exigir la garantía de sus derechos urbanos. Por ello, honremos la lucha histórica de todas las mujeres que permitieron que Claudia Sheinbaum y Clara Brugada sean hoy nuestras representantes populares.
Futuro de las ciudades: Gobernar con una agenda urbana con justicia de género y climática
Queremos invitarlas a gobernar con una agenda de justicia de género y justicia climática cotidianas. La forma en la que gestionen la crisis socio climática definirá el futuro de las ciudades. Tienen la oportunidad y responsabilidad de promover una planeación urbana compacta, accesible, próxima, inclusiva, resiliente, que ponga en el centro de las decisiones urbanas a los cuidados. A impulsar un modelo de desarrollo bajo en emisiones, un modelo que reconozca el valor económico de las tareas de reproducción de la vida, un modelo de transición energética hacia fuentes renovables a través de una agenda urbana con justicia de género.
Las propuestas de su programa de gobierno deben atenderse desde una perspectiva espacial, lograr la transformación hacia una ciudad feminista. Enunciamos algunas de las propuestas de Clara Brugada que consideramos clave revisar y ajustar desde una perspectiva territorial y ofrecemos nuestra capacidad técnica para apoyarlas en materializar estas propuestas.
Propuestas del Programa de Gobierno 2024-2030 de Clara Brugada4 que consideramos deben atenderse desde una perspectiva territorial con enfoque climático y de género:
Ciudad de las mujeres:
Fortaleceremos el programa SOS “No estás sola, la ciudad te cuida”. Construiremos el programa más grande y ambicioso para lograr una ciudad libre de violencia para las mujeres tanto en el espacio público como en el doméstico.
Ampliaremos el Programa “Siemprevivas, hogares sin violencias”. Se emprenderá un programa que impulse la prevención activa de la violencia hacia las mujeres y familiar, casa por casa y con atención inmediata.
Construiremos una gran Utopía para las mujeres en cada Alcaldía que incluya, al menos, promoción de autonomía económica, atención de situaciones de violencia, servicios de salud física y mental, espacios de recreación, relajación y respiro.
Pondremos en marcha, en coordinación con la Federación, el Programa “No dejar a ninguna niña atrás”, que impulse el derecho al futuro de todas las niñas y les permita delinear y soñar sus proyectos de vida.
Ciudad del bienestar, ciudad de los cuidados:
Construiremos un sistema público de cuidados de alta calidad y cobertura que permita reducir, revalorar y redistribuir las tareas de cuidado.
En todas las alcaldías y basados y en el principio de proximidad, instalaremos:
La red de centros de cuidado y desarrollo infantil más grande de la ciudad.
Casas de día para la convivencia, el bienestar y el buen vivir de las personas mayores.
Centros de rehabilitación para personas con discapacidad con servicios adecuados para las distintas discapacidades en todas las alcaldías.
Unidades de Servicio para Vida Cotidiana: lavanderías, comedores comunitarios, ludotecas, servicios de relajación, apoyo para las tareas de las infancias, entre otros servicios.
El estudio tuvo oportunidad de participar en la propuesta conceptual de una Utopía para la Mujer en Iztapalapa, proceso que nos dejó grandes aprendizajes que estaremos contentas de compartir con el fin de aportar hacia un replanteamiento del programa arquitectónico de las Utopías. Creemos que hay áreas de oportunidad para que sean equipamientos y facilitadores urbanos públicos que realmente redistribuyan los cuidados, fomenten la autonomía económica, política, física y emocional de las mujeres. Desde estos aprendizajes, ofrecemos nuestra capacidad técnica e interés en colaborar para concretar estas Utopías para la Mujer en todas las Alcaldías de la Ciudad de México.
Llamado a la colaboración ¿ Qué le preguntarían a su futura Presidenta y Jefa de Gobierno?
Queremos cerrar estas reflexiones invitándolas a compartir las inquietudes y demandas urbanas que quieran preguntar a nuestras futuras gobernantes. Nos daremos a la tarea de compilar y redactar sus demandas en una carta colaborativa.
Proponemos partir de la siguiente: ¿Qué políticas, planes, programas se requieren impulsar o adaptar para lograr la ciudad que deseamos, una ciudad que garantice los derechos urbanos de las mujeres para vivir una vida de bienestar?
Hacemos a su vez, un llamado a sumarse a la convocatoria colectiva y proponerle a nuestra futura Jefa de Gobierno un foro de debates de desarrollo urbano, planeación territorial y proyectos urbanos arquitectónicos para discutir colaborativamente las inquietudes y demandas de las necesidades espaciales de las mujeres en la Ciudad de México. Les estaremos actualizando respecto a la convocatoria por nuestras redes, estén pendientes.
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Equipamiento de cuidado se refiere a aquellos equipamientos públicos que brindan cuidados y alivian el trabajo de cuidado para las mujeres, guarderías, comedores publicos, baños publicos, etc.
Que la ciudad te permita acceder a derechos en igualdad de condiciones sin depender de tus cualidades o características; eso es algo que ahora mismo no se puede hacer, no es cierto por cuestiones de economía, de clase, de origen, de conocimiento y también de género que refuerzan todas esas singularidades negativas digamos. Una mujer no es insegura, la hace insegura el espacio. A mí no me gusta hablar de inseguridad en la ciudad en ese aspecto de lo físico porque eso nos pone a las mujeres en situación de debilidad, y no lo somos: la sociedad nos hace vulnerables porque manda un mensaje de que el cuerpo de mujer es apropiable. Y al no generar espacios adecuados donde te puedas mover, te está diciendo también : «Este no es tu sitio». Hay decisiones sobre la ciudad que hacen que las mujeres seamos más vulnerables, pero no hay que olvidar que la casa es donde ocurren la mayoría de las violencias. Aun así, cuando se piensa en seguridad en las ciudades sin perspectiva de género solo se piensa en los delitos contra la propiedad, pero las mujeres tenemos miedo sobre nuestro propio cuerpo. En el fondo, la mujer sigue siendo un cuerpo extraño en la ciudad, después de una tradición de milenios donde se nos ha indicado que había que estar en casa; una fantasía, por otra parte, porque las mujeres han estado siempre también fuera de casa.
La semana del 8 al 12 de abril del 2019 se celebró el Tercer Congreso Internacional sobre Género y Espacio en la UNAM CDMX. Fueron días de reflexionar acerca de cómo se vive, se produce, se proyecta el espacio en función al género.
Un elemento clave que nos congregó a reunirnos es que el espacio no es neutro al género. La planificación urbana y el diseño de nuestras ciudades latinoamericanas han provocado divisiones entre las esferas públicas y privadas, fomentando los roles de género históricos que han sido atribuidos a mujeres y hombres. Sin embargo, en nuestras ciudades se ha cuestionado poco sobre cuál es la realidad de éstos roles de género, sobre cómo es la experiencia espacial de hombres y mujeres en las ciudades. Estas dicotomías privado / público ya no responden a la realidad de muchas mujeres, sin embargo muchas mujeres padecen día a día éstas ciudades fragmentadas.
Por lo que tenemos que empezar a cuestionar estos supuestos falsos de que las mujeres sólo pertenecen a la esfera privada y no a la pública, ya que las mujeres somos seres móviles, simplemente que poco se ha discutido sobre las particularidades de nuestros patrones de movilidad; que son distintos para grupos específicos de mujeres, depende el contexto y espacio, centralidad, periferia, ciudades pequeñas, medianas. Fundamental entonces entender que el género no es ajeno a otra categorías como la clase, la raza, la condición socioeconómica. Por lo que si estamos comprometidos en generar ciudades más justas, hay que empezar a reconocer cómo éstos roles condicionan la experiencia urbana de hombres y mujeres, en la movilidad cotidiana, la vivienda, el espacio público. Hay que reconocerlos y redistribuirlos ya que como señala la Doctora Paula Soto ” El género y el espacio han sido normalizados y naturalizados, son construcciones sociales y culturales y como tales, hay que problematizarlas.”
Una de las preocupaciones centrales al momento de pensar el espacio, el territorio desde el género, es que pasa cuando esta categoría se cruza con las desigualdades estructurales de clase y condición socioeconómica. Las ciudades han provocado inmovilidades o movilidades justas, ya que “Los patrones de viajes son uno de los aspectos de la vida más claramente condicionados por el género” (Levy, 2013). Considerando esto, se discutió sobre la importancia del enfoque de la Movilidad Cotidiana para comprender las experiencias de las mujeres. Esta temática se abordó en las mesas de Movilidad Cotidiana y Género, donde ponentes de México, Chile, Perú, Brasil y Países Bajos, expusieron sus trabajos sobre la necesidad de articular el desarrollo urbano y la planificación de la movilidad. No es posible que en la Ciudad de México trasladarse siga siendo un privilegio de ubicación, ya que una mujer puede invertir hasta 4 horas diarias de traslado y otra 20 minutos, y en condiciones de calidad de viaje muy distintas. Por lo que incorporar una perspectiva de género en el espacio es abordar urgentemente una planificación compacta y densa de nuestras ciudades mexicanas.
Participé en la mesa 18 de Movilidad Cotidiana y Género donde platiqué sobre los resultados de mi tesis de maestría “Caminar en la periferia y en la centralidad, experiencias de movilidad cotidiana de mujeres en Santiago. Una aproximación desde la ciudad inclusiva y la justicia de género.” Compartí con colegas de México, Perú y de los Países Bajos que compartieron sus proyectos de investigación en relación a cómo las infraestructuras existentes provocan iniquidades en la movilidad y accesibilidad de las mujeres, sobre la violencia en el transporte público, sobre la incidencia y percepción de programas como el “Viajemos seguras en la Ciudad de México” y sobre las consecuencias de abordar el uso que le dan las mujeres a las calles y al espacio público desde un análisis de género.
El Congreso también fue un encuentro y fortalecimiento de una gran red de investigadoras, académicas, profesionistas y activistas trabajando en torno a Género y Espacio. Desde el compromiso de tener ciudades más justas e inclusivas, cada una está transformando una calle, una caminata, una ley, un barrio, una ciudad.